jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Jóvenes Revolucionarios, o confundidos por las hormonas? Con el permiso de Allende...



Últimamente, me he cuestionado hasta el trastorno mental, esa frase de Salvador Allende tan utilizada como justificación por parte de muchos jóvenes, jóvenes como yo, de  “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción, incluso hasta biológica", digo para justificar, porque hablando con un par, les he preguntado por ejemplo, ¿por qué se dedican a pintar murales, o a participar en marchas populistas en apoyo de una u otra tendencia política?, por ejemplo en vez de utilizar ese tiempo en dar clases de historia a otros jóvenes, y con ese dinero comprar libros y el material necesario para hacerlo,  y sus respuestas se orientan hasta de manera inconsciente hacia la dirección de la figura del joven revolucionario. A mí esto, discrepando del Ex presidente Allende, me parece una generalización apresurada, que aunque en el discurso resalta por su carácter sentimental y romántico, solo toma en cuenta el carácter rebelde del joven, que nace en uno como persona cuando llega a la adolescencia, y se da cuenta que ya no depende tanto de la figura paterna o materna sobre todo, para hacer ciertas cosas, como pensar o actuar por uno mismo.

Sin ánimos de aburrir a nadie poniéndome tedioso, o muy científico, quitándoles su preciado tiempo de jugar a la granjita en facebook, tengo que tratar de explicar un poco lo que es mi idea de lo que conlleva ser un revolucionario de verdad, lo cuál a mi parecer, se compone de tres o quizás más factores que podrían caracterizar a una persona como eso, un revolucionario; el primero es la rebeldía, la cual no surge de ningún otro lugar, sino de nosotros mismos, según la sociobiología de Wilson, uno al nacer no tiene otra opción, que someterse a los cuidados de nuestra madre, por ser tan indefensos, y a no tener la capacidad de “cuidarnos” por nosotros mismos, siendo tan flojos, nos volvemos sumisos a los cuidados tan hermosos en la mayoría de los casos de nuestra madre, uno va creciendo, y esa sumisión permanece y se extiende también hacia la figura del padre, quienes tienen uno, porque aún somos unos niños y lo que nos gusta es que nos cuiden y nos hagan todo más fácil, pero en el momento que uno llega a la pubertad, al salir de la escuela y encontrarse con ideas un poco más maduras en el exterior de nuestra burbuja paternal, nos damos cuenta de que podemos pensar cada vez más por nosotros mismos, lo que PODRÍA ser bueno o malo para uno, en ese descubrimiento, se va cultivando un espíritu que será tan rebelde, como nuestro espíritu mismo sea, o en la mayoría de los casos, como nuestro entorno sociocultural nos lo permita, o sea, tan rebelde como una empanada. El segundo factor, es el apego consciente a una manera de pensar, a una ideología, pero no solo es estar apegado a esta, sino también, comprenderla e interpretarla de la mejor manera, teniendo en cuenta que las ideas son las que van moldeando nuestro devenir en la sociedad, buscando que este devenir sea lo más beneficioso y ejemplar, pero también, que no perjudique a nadie, y el tercer factor, es la capacidad de accionar, que va de la mano con el espíritu rebelde; incluyo este último, porque conozco personas rebeldes pero sin causa alguna (ideologías), que en vez de ser productivos, beneficiosos o ejemplares, son todo lo contrario, conozco también algunos que son muy buenos pensadores, pero que no ponen en practica sus ideas, quizás por miedo al rechazo o mera pereza (como yo, nah es joda), la capacidad de accionar va más allá de pensar y ser rebelde, porque conlleva poner a prueba nuestras cualidades, y el cómo uno es capaz de aprovecharlas, en este caso, en beneficio de la mayor cantidad de personas posible, teniendo en cuenta, que uno no revoluciona solo su mente, sino que siempre esto va orientado a una transformación exterior. Es entonces que uno es revolucionario, el ser rebelde e impertinente nos ayuda a vencer el miedo, esto nos da la posibilidad de accionar, poniendo en práctica nuestras mejores cualidades, alimentadas por ideas, que sirvan como orientación para poder saber de qué manera poner en práctica estas cualidades para que sean lo más beneficiosas o productivas tanto para uno como para los demás.

Es después de meditar esto, que siento algo de esa mezcla pegajosa de enojo con vergüenza que a uno le cuesta despegarse de la cabeza, cuando veo a un joven, justificando el pintar un mural, o haciendo propaganda en algún evento populista /jalabolas de algún político, con aquella tan famosa y romántica pero equivocada frase, a mi parecer, de Salvador Allende.

Creo que en vez de hacer eso, como una persona verdaderamente revolucionaria, con una actitud de oposición y apoyo al mismo tiempo, uno debería más bien ayudar con las misiones y programas sociales promovidos por el estado, teniendo en cuenta todas las iniciativas que involucran el beneficio social, pero no celebrándolas como si fueran regalos, sino más bien vigilando que se lleven a cabo, y ayudando a que estas brinden máximo beneficio para las personas que los reciben, teniendo en cuenta, y atreviéndome a generalizar, que por ejemplo todos los programas sociales de este gobierno, en teoría son la mejor manifestación de un gobierno para todo el pueblo, pero que en la práctica, no se dan de la mejor manera, quizás por culpa de la burocracia y la corrupción que se esconde en las manos de los responsables de poner en marcha dichos programas, lo cual dificulta la máxima efectividad y cobertura de estas, y la idea de “llegar bien” a la mayor cantidad de personas que sea posible.

Pintando murales, lo cual me parece el mejor ejemplo de jaladera de bolas a un gobierno, o a cualquier político, pero más a un gobierno, lo veo como algo de lo más vergonzoso, ya que un pueblo no debería estar elogiando el desempeño de un gobierno, el gobierno, con su buena gerencia debería intentar tener lo más contento que pueda a su pueblo, y este, como señal de agradecimiento le daría su apoyo en las próximas elecciones re-eligiéndolo si es posible, o dejándole un gran porcentaje de apoyo de no poder re-elegirse. Rendirse como un perro sumiso ante el populismo que solo busca apoyo electoral, es el más grande error, y síntoma de mediocridad mental de un pueblo, y es también lo más peligroso, porque alimentar a una bestia tan grande como un gobierno, con orgullo y sumisión, es lo que a este le da la capacidad de jugar a su antojo con la gente. Y luego se preguntan el porqué de las medidas autoritarias, sin darse cuenta, que todo ese autoritarismo fue alimentado antes por una jaladera de bolas monumental. 
 
Es entonces compatriotas revolucionarios (jajaja) que los invito a ser revolucionarios pero a conciencia, sin jalarle bolas a gobierno alguno, sea color mierda o color Beatles, progresista o socialista, del Madrid o del Barcelona, siendo constantemente una oposición crítica, razonable, y de apoyo, intentando que el gobierno nos de lo mejor de si, para nosotros retribuir eso con lo mejor que podamos dar,  y entonces elogiarlos votando por ellos, sin la necesidad de lamerle las bolas como si fuéramos unas prostitutas limosneras, o derrocarlos, en caso de que no merezcan apoyo alguno.
¡PATRIA! ¡SOci… Nah, a la mierda.